El agua para el té: por qué importa más de lo que crees
El té es en su mayor parte agua: a menudo, entre el 95 y el 99 % de la taza. Sin embargo, el agua es la variable más descuidada al preparar té en casa. Si la eliges bien, hasta las hojas más humildes mejoran.
Qué hace una buena agua
El mejor agua para el té es blanda, limpia y neutra:
- Baja en minerales que aplanan el aroma
- Libre de cloro y sabores extraños
- Un toque de dureza (calcio/magnesio) puede aportar cuerpo, pero demasiada vuelve el té insípido o deja sarro
Problemas habituales
- El agua del grifo dura apaga los tés verdes y blancos delicados y deja sarro en las teteras.
- La cloración intensa añade una nota química que ningún té puede ocultar.
- El agua destilada es demasiado plana: el té sabe aguado.
Opciones prácticas en casa
- Agua del grifo filtrada (filtro de carbón) elimina el cloro: una mejora grande y sencilla.
- Agua embotellada baja en minerales etiquetada como “blanda” funciona bien; evita las aguas “minerales” con mucho bicarbonato.
- Hierve agua fresca: el agua recalentada pierde oxígeno disuelto y sabe pasada.
Una prueba sencilla
Prepara el mismo té con agua del grifo y con agua filtrada, una al lado de la otra. A la mayoría le sorprende lo mucho más clara que resulta la taza con agua filtrada, sobre todo con té verde y blanco.
La regla
Dedica tu esfuerzo a la hoja y al agua; la tetera y los tiempos vienen después. Un agua limpia, blanda y fresca es la base silenciosa de cada buena taza.
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